La herramienta del cuadrante II
El objetivo de la administración del cuadrante II consiste en organizar nuestras vi das con efectividad, desde un centro de principios sólidos, desde el conocimiento de nuestra misión personal, concentrándonos en lo importante y en lo urgente, y dentro del marco del equilibrio conservado entre el incremento de nuestra producción y el aum ento de nuestra capacidad de producción. Desde luego, éste es un objetivo ambicioso para personas atrapadas en la estrecha trama de las cosas superficiales de los cuadrantes III y IV.
Pero luchar para lograrlo tendrá un efecto extraordinario sobre la efectividad personal. Un organizador del cuadrante II tendrá que satisfacer seis criterios importantes:
1-Coherencia.
La coherencia sugiere que haya armonía, unidad e integridad entre visión y misión, roles y metas, prioridades y planes, deseos y disciplina. En el planificador deberá haber un lugar destinado al enunciado de la misión personal, de modo que uno pueda remitirse constantemente a él. También tiene que haber lugar para los roles y para las metas a corto y largo plazo.
2-Equilibrio.
Su herramienta tiene que ayudarle a mantener el equilibrio en la vida, a identificar sus diversos
roles y mantenerlos ante sus ojos, de modo que no pueda descuidar áreas importantes como la salud, la
familia, la preparación profesional o el desarrollo personal.
Muchas personas parecen pensar que el éxito en un área puede compensar el fracaso en otras. Pero, ¿es
esto así? Puede que sí, pero por un tiempo limitado y tratándose sólo de ciertas áreas.
Ahora bien, ¿puede el
éxito en la profesión compensar el fracaso de un matrimonio roto, la salud perdida o la debilidad de carácter? La
verdadera efectividad requiere equilibrio, y su herramienta tiene que ayudarle a crearlo y mantenerlo.
3-Centrarse en el cuadrante II.
Usted necesita una herramienta que le anime, le motive y realmente le ayude a dedicar al cuadrante II el tiempo necesario, de modo que más que dar prioridad a las crisis, se aplique a su prevención. En mi opinión, el mejor modo de hacerlo consiste en organizar la vida sobre una base semanal.
De
todos modos, uno puede adaptar y establecer prioridades sobre una base diaria, pero el impulso fundamental
proviene de la organización de la semana.
La organización semanal proporciona mucho mayor equilibrio y contexto que la planificación diaria. En el
reconocimiento de la semana como unidad de tiempo completa parece haber implícito un reconocimiento de
tipo cultural. Las empresas, la educación y muchas de las otras facetas de la sociedad operan dentro del marco
de la semana, destinando ciertos días al esfuerzo concentrado y otros al des canso y la inspiración.
La ética
básica judeocristiana respeta el sábado, el día elegido entre cada siete para propósitos elevados.
La mayoría de las personas piensa en términos de semanas. Pero la mayor parte de las herramientas de
planificación de tercera generación se centra en la planificación diaria. Si bien pueden ayudarnos a dar prioridad
a las actividades, en lo esencial sólo nos ayudan a or ganizar las crisis y el trabajo urgente. La clave no es dar
prioridad a lo que está en la agenda, sino ordenar en la agenda las prioridades. Y esto puede hacerse mejor en
el contexto de la semana.
4-Una dimensión «humana».
Usted necesita igualmente una herramienta que no sólo distribuya el tiempo sino que tenga en cuenta a las personas. Si bien puede pensar en términos de eficiencia para tratar el tiempo, una persona centrada en principios piensa en términos de efectividad en el trato con personas.
A veces la vida centrada en principios del cuadrante II requiere la subordinación de la agenda a las personas. Su herramienta tiene que reflejar ese valor, facilitar su realización, en lugar de crear sentimientos de culpa cuando no se cumple con un horario establecido de tareas.
5-Flexibilidad.
Su herramienta de planificación tiene que ser su sierva, y nunca su ama. Puesto que debe trabajar para usted, hay que cortarla a la medida de su estilo, sus necesidades, sus métodos particulares.
6-Ser portátil.
Su herramienta tiene que ser portátil, de modo que usted pueda llevarla consigo en todo momento. Tal vez quiera revi sar su enunciado de la misión personal durante un viaje en autobús o deducir el valor de una nueva oportunidad en comparación con algo ya planificado. Si su organizador es portátil, podrá llevarlo consigo, y esos datos importantes siempre estarán a su alcance. Puesto que el cuadrante II es el corazón de la autoadministración efectiva, se necesita una herramienta que nos introduzca en él. Mi trabajo con el concepto de cuarta generación ha conducido a la creación de una herramienta específicamente diseñada en concordancia con los criterios que acabamos de enumerar.
Pero muchas buenas herramientas de la tercera generación pueden adaptarse fácilmente. Como los principios son sólidos, las prácticas o aplicaciones específicas pueden variar de individuo a individuo. Convirtiéndose en un autoadministrador de cuadrante II Aunque lo que aquí intento es enseñar principios (y no prácticas) de efectividad, creo que el lector podrá comprender mejor los princi pios y la índole facilitadora de la cuarta generación, si hace realmente la experiencia de organizar una semana centrada en principios del cuadrante II. La organización del cuadrante II implica cuatro actividades clave: Identificación de roles.
La primera tarea consiste en poner por escrito sus roles clave. Si usted ha pensado
seriamente en los roles de su vida, puede escribir lo que vaya pasando por su mente. Tiene un rol como
individuo.
Tal vez quiera enumerar uno o más roles como miembro de la familia: esposo o esposa, madre o
padre, hijo o hija, miembro de la familia extensa de abuelos, tíos, tías y primos. Puede que quiera enumerar
varios roles laborales, que indiquen las diferentes áreas en las que desea invertir tiempo y energía de modo
regular.
Es posible que tenga roles en la Iglesia o en los asuntos comunitarios. No es necesario que se tome la molestia de definir los roles correspondientes al resto de su vida; limítese a considerar la semana y ponga por escrito las áreas en las que usted se ve dedicando tiempo durante los próximos siete días. A continuación presentamos dos ejemplos del modo en que la gente puede verse en sus diversos roles.
| 1. Individuo 2. Esposo/padre 3. Gerente de nuevos productos 4. Gerente de investigación |
1. Desarrollo personal 2. Esposa 3. Madre 4. Vendedora de agencia inmobiliaria 5. Gerente de desarrollo de colaboradores 5. Maestra de escuela dominical 6. Gerente de administración 6. Miembro de la junta de la orquesta 7. Presidente de organización de beneficencia |
Selección de las metas.
El paso siguiente consiste en pensar dos o tres resultados importantes que uno cree que tiene que lograr en cada rol durante los siete días siguientes, que serán registrados como metas. Por lo menos algunas de esas metas deben reflejar actividades del cuadrante II. Idealmente, esas metas a corto plazo están relacionadas con las metas a largo plazo que usted ha identificado con su enunciado de la misión personal. Pero incluso aunque no haya escrito ese enunciado, es posible que tenga la sensación de lo que es importante al considerar cada uno de sus roles, y un par de metas por cada rol.
Programación temporal. Ahora puede el lector considerar la semana que tiene ante sí, con las metas en
mente, y programar el tiempo para alcanzarlas.
Por ejemplo, si su meta es redactar el primer borrador del
enunciado de la misión personal, tal vez disponga de un lapso de dos horas del domingo para dedicarlas a esa
tarea. El domingo suele ser ideal para planificar las actividades más valiosas para la promoción personal, entre
las cuales se cuenta la organización semanal. Es un buen momento para hacer un alto en el camino, buscar un
poco de inspiración y considerar la vida en el contexto de los principios y los valores.
Si uno establece la meta de mejorar su estado físico mediante ejercicios, puede reservarles una hora, tres
o cuatro días por semana, o todos los días de la semana.
Hay algunas metas que sólo se pueden alcanzar
durante el horario de trabajo, y otras por las que hay que luchar el sábado, cuando los chicos están en casa.
¿Empieza a advertir algunas de las ventajas de organizar la semana, en lugar del día?
Después de haber identificado los roles y establecido las metas, se puede trasladar cada meta a un día
específico de la semana, sea como prioridad o, lo que es incluso mejor, con una asignación horaria concreta.
También se puede consultar la agenda anual o mensual y ver las previsiones y citas anteriores, evaluando su
importancia en el contexto de las metas; se transfiere entonces al programa semanal la que se decide
mantener, y las otras se reprograman o cancelan.